Creo que fue Saramago quien una vez dijo que el hombre ha perdido su capacidad de asombro, y por ello se ha vuelto más cínico. Tal parece que es un ritmo del cual no pretendemos desviarnos, en donde nos inmutamos ante los eventos más desastrosos que acontecen en nuestra sociedad.
Quiero apuntar que "desastroso" no es un adjetivo aplicable únicamente para la Revista Sucesos, o las noticias de Primer Impacto. A veces el desastre viene como el efecto mariposa, desde un breve aleteo legislativo, judicial o político, que viene a causar un huracán en nuestro entorno social y económico; a éstos pudiéramos llamarles pre-desastres, pero sería una definición errónea, tomando en cuenta que el desastre empieza desde este aleteo.
En todo caso, vemos consumada la teoría del caos en su máxima expresión y a esto ya ni le brindamos la justa atención; apenas realizamos una crítica "constructiva", y cumplimos nuestra misión diaria... mucho mejor que como normalmente cumplimos en la Iglesia.
El problema es que la queja no es mas que una etapa de pre-adaptación, si se adopta en una actitud pasiva, que es lo que frecuentemente sucede. Esperamos el consomé de malas noticias, para luego hacer nuestras plegarias al muro de los lamentos, y nos adaptamos al ritmo de vida. No es sino cuando el caso afecta directamente a una persona, que vemos una reacción real; lo demás es una falsa compasión que oculta la verdadera satisfacción, porque lo único positivo de la desgracia ajena, es que no me está paasando a mi.
Quizas estoy divagando.