El agotamiento natural con el que me siento estos días no es casualidad. Como le explicaba a una homóloga, la motivación de una sentencia es un esfuerzo intelectual independiente de cada decisión a adoptar, convirtiéndose en una labor tediosa cuando se piensa a gran escala. Motivar no es una mera línea de ensamblaje de una manufacturadora, en donde se van encajando las piezas de acuerdo a un prototipo. En realidad, el deber-ser llama a que la motivación sea la expresión original, auténtica y eficiente en la que el Juez explica el por qué ha llegado a una solución determinada en un caso concreto, lo que provoca que, a la largo, uno se sienta hastiado de motivar.
La verdad es que mi mayor mal es y siempre será la pereza; esa flojera para hacer aquello que se requiere en un momento determinado, quedándome rezagado hasta que la presión, hasta que el agua esté justo en el cuello. Esto reduce mi eficiencia como Juez, y lamentablemente no puedo dar la talla a lo que se me exige de una forma eficiente y eficaz, tal y como había explorado una vez durante el desarrollo de mi etapa de formación en la ENJ.
Evaluación de Desempeño es el departamento encargado de evaluar este tipo de debilidades, y sencillamente no encuentro lugar en donde ubicarme como una persona eficiente, cuando mis sentencias nunca las tengo a tiempo, y me resulta una labor imposible estar pago con todo el mundo. No sólo es redactar el proyecto de sentencia, corregirlo e imprimirlo; es además tener constancia de cada audiencia a la que subo en los distintos tribunales, el número de fallos emitidos, de incidentes decididas, de cuestiones administrativas que han sido falladas. A todo esto, no tengo cabeza para llevar tal orden, porque el segundo de mis males es precisamente la desorganización.
En tiempos anteriores, cualquier represalia no me hubiere preocupado, pero ahora cuento con personas que dependen de mí, y no debo fallarles. Si este es el trabajo, si este es el servicio que estoy desempeñando... debo hacerlo de la forma más correcta, despejando todo aquello que constituye una distracción para mí, y botando las energías negativas que me rodean.
Espero poder hacerlo sin sufrir una trombosis en el proceso....
Atm
La verdad es que mi mayor mal es y siempre será la pereza; esa flojera para hacer aquello que se requiere en un momento determinado, quedándome rezagado hasta que la presión, hasta que el agua esté justo en el cuello. Esto reduce mi eficiencia como Juez, y lamentablemente no puedo dar la talla a lo que se me exige de una forma eficiente y eficaz, tal y como había explorado una vez durante el desarrollo de mi etapa de formación en la ENJ.
Evaluación de Desempeño es el departamento encargado de evaluar este tipo de debilidades, y sencillamente no encuentro lugar en donde ubicarme como una persona eficiente, cuando mis sentencias nunca las tengo a tiempo, y me resulta una labor imposible estar pago con todo el mundo. No sólo es redactar el proyecto de sentencia, corregirlo e imprimirlo; es además tener constancia de cada audiencia a la que subo en los distintos tribunales, el número de fallos emitidos, de incidentes decididas, de cuestiones administrativas que han sido falladas. A todo esto, no tengo cabeza para llevar tal orden, porque el segundo de mis males es precisamente la desorganización.
En tiempos anteriores, cualquier represalia no me hubiere preocupado, pero ahora cuento con personas que dependen de mí, y no debo fallarles. Si este es el trabajo, si este es el servicio que estoy desempeñando... debo hacerlo de la forma más correcta, despejando todo aquello que constituye una distracción para mí, y botando las energías negativas que me rodean.
Espero poder hacerlo sin sufrir una trombosis en el proceso....
Atm
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